Plurilingüismo en las redes sociales institucionales

Al poco de tomar posesión de mi cargo como director de comunicación del Ajuntament d’Elx, en una charla que estaba dando, un community manager me preguntó qué opción había tomado e referencia al uso del valenciano en las redes. Mi respuesta fue sencilla: a mi entender, no había opción. En la comunidad Valenciana hay dos lenguas oficiales; esto no significa que se hablen dos lenguas, sino que ambas son oficiales. Esto no afecta al ámbito privado, como algunos quieren hacer entender: en tu familia, tu círculo de amistades o en tu empresa tienes el derecho de hablar en castellano, en valenciano, en esperanto o en la lengua que consideres. La oficialidad donde se tiene que demostrar es en el derecho de poder relacionarte con los órganos oficiales en esas lenguas sin ningún inconveniente. Y ahí es otro punto de debate, porque algunos responsables de administraciones entienden este derecho de forma pasiva: la institución comunica en una lengua y, si alguien le responde en la otra, entonces y sólo entonces le responde en ésta.

En los trámites en que un ciudadano puede seleccionar previamente el idioma en que quiere ser atendido no hay problema. Es el caso de una página web: cualquiera puede elegir el idioma en que quiere leerla. Pero en el caso de la comunicación activa y masiva (básicamente campañas de publicidad y redes sociales), la institución debe a mi parecer dirigirse siempre en las dos lenguas, sin excepción.

En una campaña impresa (carteles, folletos…) es más sencillo, basta con hacerla bilingüe o, si por cuestiones estéticas o de formato no es práctico, realizar dos versiones, una en cada idioma. En el caso de las redes sociales esto se complica. Las opciones que quedan son las siguientes:

a) Crear cuentas paralelas, una en cada idioma, lo cual es perjudicial desde el punto de vista de la viralidad de los contenidos.

b) Publicar todos los contenidos en ambas lenguas y, siempre que haya una interacción por parte de un usuario, responderle en la lengua en la que se haya dirigido a nosotros.

La opción b me pareció más práctica. Para eliminar suspicacias, decidimos que el orden del contenido en cada lengua fuera rotando en cada publicación. Así la primera publicación se haría en valenciano y castellano, y la segunda en castellano y valenciano. A mi entender es una opción salomónica, lo cual no quiere decir que no tenga detractores entre los defensores a ultranza del uso de la lengua a o la lengua b, que entienden que simbólicamente es un desprecio cuando la suya aparece en segundo lugar.

En el caso de Twitter, dado que por las limitaciones de espacio esta opción no sería viable, cabía la posibilidad  de repetir cada publicación en un idioma, pero restaba virilidad y resultaría engorroso, sobre todo teniendo en cuenta que la inmensa mayoría de la población entiende (independientemente de cual use habitualmente) ambas. Así que en este caso en concreto optamos por escribir un tuit en cada idioma alternativamente.

Alguna vez me han propuesto utilizar en Facebook la segmentación por idioma, como hacen en el gobierno de Canadá. Así dependiendo en que idioma tenga cada usuario configurada su cuenta de Facebook, recibirá el contenido exclusivamente en esa lengua. Es una opción interesante, pero que creo que entra en conflicto con la normalización de ambas lenguas: lo ideal no es ocultar que existe otra realidad, sino dejar patente a todos los usuarios que su administración utiliza ambas lenguas de forma indistinta.

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